Si hay algo de lo que le gusta jactarse a este país es de los record que ostenta y que de vez en cuando saca a relucir: desde hacer la empanada más grande del mundo (con 3,400 Kg.), hasta ser poseedores del dominio de internet más largo que ha existido (que por cierto es http://buintierradefrutashermosasrosasbuenosvinosairepuroyverdescampos.com). Claramente no son marcas dignas de un trofeo, y así tampoco lo es el ser el 2do país a nivel de Latinoamerica con más feriados (15 días festivos, siendo sobrepasado solo por Colombia, con 18). Se acabaron las empanadas, se vaciaron las botellas de chicha, se enredaron los volantines y las suelas se rompieron después de bailar todas las cuecas habidas y por haber. Mirando retrospectivamente hacia estas recientes fiestas patrias, ¿habrá valido la pena una celebración de tamaña envergadura? ¿fueron convenientes, en términos económicos, los 2 días inhábiles establecidos en el marco de la celebración del Bicentenario? Claramente no lo fueron.
Se sabe que cada día no laboral que es decretado por el gobierno, se deja de producir cerca de 233 millones de dólares a nivel nacional. Si se toma en cuenta el hecho de que éste aún es un país en vías de desarrollo y de que las ganancias que produce el turismo durante estas fechas no alcanza ni a la mitad de las pérdidas generadas, entonces claramente es una situación que necesita ser bien evaluada.
Por otra parte, el “golpe mercantil” no abarca solo temas fácilmente evaluables, como lo son las perdidas monetarias. Los feriados, y sobre todo uno de las características del que recién aconteció, producen una notoria disminución en la eficacia individual de los trabajadores a la hora de producir durante los días posteriores a la celebración, lo que significan mas pérdidas incuantificables.
Hay quienes apoyan esta iniciativa de alargar los días festivos, haciendo uso de recursos afectivos relacionados con la “obligatoriedad” de celebrar por un periodo extraordinario los 200 años de independencia, o de la “necesidad” de este tiempo luego de lo ocurrido durante febrero. Ésto es simplemente desconocer que las ganancias originadas por un único día laboral son recursos que podrían ser utilizados para la misma reconstrucción post terremoto, y que se puede celebrar una fecha de tal importancia por una menor cantidad de días, sin atentar contra el progreso del país entero.
El aspecto económico es solo una esfera de lo que significa el decretar un nuevo día festivo. Sin mirar hacia otros aspectos que también deberían ser considerados, se puede asegurar que, antes de declarar un feriado nacional, se necesita de un estudio a fondo para así considerar las consecuencias negativas que puede tener ésto, a nivel inmediato, y mirando prospectivamente hacia unos años más.
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